
A veces pasa una cosa muy curiosa viendo Zootrópolis con niños. La película sigue avanzando, aparece un montón de personajes importantes y de repente alguien se queda mirando justo al personaje que casi nadie comenta. Con Gareth ocurre muchísimo. Hay peques que se quedan totalmente pillados con ese pequeño carnero que aparece durante el lío de la feria y enseguida empiezan a hacer preguntas rarísimas. “¿Dónde vive?” “¿Tiene una cabaña secreta?” “¿Y si después se hizo amigo de Judy?”. Lo mejor es que el personaje deja espacio para imaginar cualquier cosa, así que cada niño termina inventando una versión distinta de él.
No tiene pinta de héroe perfecto. Tampoco parece el típico personaje exagerado que siempre quiere llamar la atención. Gareth da la sensación de ser uno de esos niños que primero dudan un poco, luego se animan y al final acaban metidos en aventuras enormes casi sin querer. Y eso conecta muchísimo con los peques porque les resulta cercano de verdad.
En cuanto aparece un dibujo suyo encima de la mesa, todo empieza a cambiar rapidísimo. Primero escogen colores para la gorra. Luego alguien dibuja un árbol detrás. Después aparece una bici. Cinco minutos más tarde ya existe medio Bunnyburrow alrededor del personaje. Los niños no se quedan quietos mucho tiempo con Gareth porque el propio personaje invita a seguir imaginando cosas.
Un dibujo de carnero para colorear normalmente ya da juego porque la lana, las orejas y la ropa permiten hacer cosas divertidas con los colores. Con Gareth pasa algo todavía más fuerte. Tiene cara de personaje que siempre está a punto de descubrir un sitio escondido o de liarse en una aventura absurda con sus amigos.
Hay niños que lo convierten en explorador de túneles secretos bajo Zootrópolis. Otros prefieren dibujarlo construyendo rampas imposibles para bicicletas. Algunos inventan que guarda mapas dentro de cajas escondidas en el campo. Y claro, siempre aparece alguien que decide que Gareth tiene un club secreto donde solo pueden entrar animales con contraseña.
Lo divertido de estos dibujos es que nunca se quedan igual. Cada niño cambia cosas constantemente. Un día Gareth lleva zapatillas gigantes. Otro día tiene mochila llena de pegatinas. Luego aparece conduciendo un tractor ridículo por mitad de los campos mientras Judy intenta seguirle.
Muchas veces ni siquiera hace falta que los niños expliquen la historia completa. Mientras colorean empiezan a soltar frases como si el mundo ya existiera. “Aquí escondió los tickets.” “Este camino lleva a una casa abandonada.” “Ese árbol se abre.” Y todo suena totalmente lógico dentro de sus cabezas.
Los dibujos de carnero para imprimir suelen enganchar muchísimo precisamente porque permiten añadir detalles sin parar. Empiezan con una hoja sencilla y acaban creando mapas enteros llenos de caminos, escondites y personajes nuevos inventados sobre la marcha.
También ayuda mucho que Gareth tenga ese aire de niño normal dentro de Zootrópolis. No parece alguien imposible ni exagerado. Tiene pinta de chaval que podría vivir en cualquier barrio, pasar la tarde correteando por el campo y terminar llegando a casa lleno de barro después de una aventura improvisada.
Por eso los peques se identifican tan rápido con él. Hay quien lo imagina tímido. Otros dicen que simplemente está pensando demasiado todo el rato. Algunos lo convierten directamente en el más valiente del grupo después de lo ocurrido en la feria.
Mientras pintan, la historia va creciendo sola. Aparecen escondites hechos con madera vieja, caminos secretos entre zanahorias gigantes y carreras absurdas por Bunnyburrow. Un simple carnero dibujo termina convirtiéndose en una película completamente nueva creada por los propios niños.
Lo más gracioso es ver cómo cambian los colores según cada persona. Hay quien intenta copiar el aspecto de la película. Otros pasan completamente y hacen una versión loca llena de verdes fluorescentes, gorras rosas y cielos naranjas. Cuanto más exagerado queda, más orgullosos se sienten del dibujo.
Muchos padres se sorprenden porque Gareth no parece uno de los personajes principales y aun así mantiene a los niños entretenidos muchísimo rato. La razón suele ser sencilla. El personaje no viene “cerrado”. Los peques sienten que pueden completar el resto de la historia ellos solos.
Unos inventan que Gareth monta un taller secreto detrás de una granja. Otros dicen que construye carritos para competir con sus amigos. Hay quien dibuja a Judy apareciendo en Bunnyburrow para devolverle algo perdido. Cada dibujo termina siendo distinto.
Los dibujos de carnero para pintar también funcionan muy bien porque transmiten una sensación tranquila y divertida al mismo tiempo. No hace falta llenar la hoja de explosiones o persecuciones gigantes. A veces basta con un sendero, una valla torcida y Gareth caminando por el campo para que los niños se monten una aventura enorme en la cabeza.
Incluso cuando terminan de colorear, la historia suele seguir. Algunos recortan al personaje y lo usan para inventar juegos. Otros hacen más hojas conectadas entre sí como si fueran capítulos nuevos. Y hay niños que vuelven a ver Zootrópolis solo para buscar otra vez a Gareth en la escena de la feria.
Eso es probablemente lo más especial del personaje. Parece pequeño dentro de la película, pero enorme cuando entra en la imaginación de los niños. Con cuatro lápices, una hoja lista para imprimir y un poco de creatividad, Gareth acaba convirtiéndose en explorador, inventor, corredor, aventurero o cualquier cosa que el niño quiera imaginar mientras colorea tranquilamente en casa.

Con solo cinco años, Gustavo transformó un simple deseo de imprimir dibujos en una idea que hoy inspira a niños en más de 150 países.
Así nació Imprimivel.com, un proyecto creado junto a su padre, Jean Bernardo, para llevar color, imaginación y alegría en 10 idiomas, alcanzando a un público potencial de más de 800 millones de niños en todo el mundo.
Actualmente, Gustavo ayuda a seleccionar los contenidos, eligiendo con entusiasmo los temas y personajes que harán sonreír a otros niños, siempre bajo la supervisión de su papá, quien convierte las ideas del pequeño en realidad.
