
¿Sabías que Nangi, la elefante de Zootopia, es uno de esos personajes que parecen estar en otro ritmo, como si nada a su alrededor fuera urgente? Mientras todo el mundo corre, habla y se agita, ella se mantiene tranquila, casi inmóvil, como si estuviera en su propio universo. Y justo eso es lo que hace que los niños se queden mirando su dibujo un segundo más antes de empezar a colorear, porque algo en ella despierta curiosidad sin necesidad de hacer ruido.
Imagina ese momento. La hoja acaba de salir de la impresora, limpia, con líneas suaves que dibujan a Nangi en una postura relajada. Un elefante diferente, con una presencia calmada que contrasta con el resto de personajes. Al principio es solo un dibujo en blanco, pero en cuanto el niño toma sus colores, todo empieza a cambiar. Poco a poco, Nangi cobra vida.
El hecho de que sea un elefante ya la hace especial. Su forma, su trompa, sus detalles… todo invita a explorar. Algunos niños elegirán tonos grises para mantener su apariencia, mientras otros se animarán a usar colores más vivos, creando una versión completamente nueva. Y eso es lo mejor, porque aquí no hay reglas. Cada niño decide cómo quiere ver a Nangi.
Mientras se empieza a pintar, la mente también empieza a imaginar. Tal vez Nangi está en el Mystic Springs Oasis, rodeada de vapor, enseñando yoga con total tranquilidad. Tal vez Yax está cerca hablando sin parar, o quizá Judy Hopps y Nick Wilde acaban de llegar con preguntas. De repente, el dibujo deja de ser solo una imagen y se convierte en una escena completa.
Ese es el momento en que todo se conecta. Un personaje lleva a otro. Después de terminar con Nangi, muchos niños sienten ganas de buscar más dibujos. Quieren ver a Judy, a Nick, a otros personajes de Zootopia. Sin darse cuenta, comienzan a crear su propia colección, una página tras otra.
Y es que Nangi no es un personaje cualquiera. Su forma de ser, tan tranquila y casi indiferente, hace que los niños piensen más mientras colorean. Se preguntan qué está pasando, qué está sintiendo, qué está pensando. Y esas preguntas cambian la forma en que usan los colores. El dibujo se vuelve más personal, más creativo.
También hay algo muy especial en el proceso. El niño se concentra, se calma, se toma su tiempo. No hay prisa. Puede dibujar, pintar, borrar, volver a intentar. Todo fluye de forma natural. Y cuando alguien se sienta a su lado, ya sea un padre, una madre o un hermano, el momento se vuelve aún más bonito. Se comparten ideas, risas, pequeñas conversaciones.
Al terminar, la hoja ya no es la misma. Ahora tiene color, historia, intención. Es algo que el niño creó con sus propias manos. Y eso se nota. Muchas veces ese dibujo termina en la pared, en la puerta o en la nevera, porque se siente especial.
Y lo mejor es que no se queda ahí. Después de una página, viene otra. Otra escena, otro personaje, otra historia. Nangi abre la puerta a todo ese mundo, pero cada niño decide hasta dónde quiere llevarlo.
Este elefante de Zootopia tiene algo distinto. No necesita moverse rápido ni hacer grandes cosas para llamar la atención. Su calma, su forma de estar, su presencia… todo eso crea el espacio perfecto para que la imaginación crezca.
Así que solo hace falta imprimir el dibujo, preparar los colores y empezar. A partir de ahí, todo se transforma. Porque cuando un niño comienza a colorear a Nangi, no solo está rellenando un dibujo, está creando su propia historia dentro de Zootopia.

Con solo cinco años, Gustavo transformó un simple deseo de imprimir dibujos en una idea que hoy inspira a niños en más de 150 países.
Así nació Imprimivel.com, un proyecto creado junto a su padre, Jean Bernardo, para llevar color, imaginación y alegría en 10 idiomas, alcanzando a un público potencial de más de 800 millones de niños en todo el mundo.
Actualmente, Gustavo ayuda a seleccionar los contenidos, eligiendo con entusiasmo los temas y personajes que harán sonreír a otros niños, siempre bajo la supervisión de su papá, quien convierte las ideas del pequeño en realidad.
