
Nadie entendía por qué todos los demás camiones habían cambiado de dirección…
La pista seguía abierta. El recorrido estaba marcado. La salida estaba justo delante. Aun así, mientras unos buscaban el camino más fácil, Brutus avanzaba hacia la zona que parecía más complicada de toda la competición. Había tierra acumulada formando una colina enorme, una curva cerrada que apenas dejaba espacio para maniobrar y una rampa tan alta que parecía tocar el cielo. Cualquiera habría pensado que aquello era una mala idea. Brutus, en cambio, parecía verlo como una invitación. Esa sensación de ir siempre hacia donde empieza la aventura es una de las razones por las que este famoso Monster Jam ha conseguido ganarse el cariño de tantos aficionados a lo largo de los años.
Quizá por eso ocurre algo curioso cuando un niño se encuentra con un dibujo de Brutus. La mayoría no empieza pensando en colores. Empieza imaginando una historia. Antes de elegir el primer lápiz ya hay preguntas rondando por la cabeza. ¿Dónde está corriendo? ¿Qué tiene delante? ¿Qué obstáculo va a superar esta vez? Sin darse cuenta, la imaginación empieza a construir un mundo entero alrededor del camión. Lo que hace un momento era una simple hoja de papel se convierte en una pista gigantesca donde cualquier cosa puede suceder.
Brutus tiene una presencia especial. No transmite únicamente potencia. También parece uno de esos personajes capaces de meterse en líos continuamente y salir de ellos de la forma más espectacular posible. Su historia dentro del universo Monster Jam ayudó a construir esa personalidad tan reconocible. Con el paso del tiempo fue protagonizando momentos que los aficionados recuerdan con facilidad y eso ha contribuido a que muchos niños lo vean como algo más que un vehículo enorme con ruedas gigantes. Parece un auténtico protagonista de aventuras.
Mientras los colores empiezan a ocupar los espacios en blanco, el escenario crece casi por sí solo. Una pequeña línea dibujada junto a una rueda se transforma en una carretera. Una esquina vacía acaba convirtiéndose en una montaña. Aparece un puente. Después un túnel. Más tarde surge una meta al otro lado de la página. Lo interesante es que nada de eso estaba previsto al principio. Las ideas van apareciendo poco a poco, como si la propia ilustración estuviera invitando a crear algo nuevo.
Muchos niños disfrutan especialmente con los monster trucks porque parecen capaces de hacer cosas imposibles. Los coches normales circulan por carreteras normales. Brutus da la impresión de poder atravesar cualquier lugar. Puede subir una colina empinada, cruzar terrenos complicados o enfrentarse a obstáculos gigantescos. Esa sensación de libertad encaja perfectamente con el momento de colorear. Si el camión puede ir a cualquier sitio, la historia también puede desarrollarse en cualquier lugar.
Un día la aventura puede transcurrir en un estadio repleto de espectadores. Otro día puede desarrollarse en un paisaje lleno de montañas. A veces aparecen castillos. Otras veces hay caminos secretos escondidos entre árboles. Algunos niños imaginan que Brutus está participando en una gran competición. Otros prefieren inventar misiones misteriosas donde el camión tiene que encontrar algo importante antes de que sea demasiado tarde. No existen límites para ese tipo de imaginación.
Eso es precisamente lo que hace tan especiales las páginas para colorear. No obligan a seguir una única dirección. Cada niño puede construir su propio relato. Dos personas pueden imprimir exactamente el mismo dibujo y obtener resultados completamente distintos. Una llenará la hoja de colores brillantes y saltos espectaculares. Otra creará un escenario lleno de detalles, personajes y lugares inesperados. Ninguna versión será igual a la otra.
Las ruedas de Brutus suelen convertirse en una de las partes favoritas del dibujo. Son enormes y transmiten fuerza incluso cuando todavía no tienen color. Algunos niños añaden marcas de velocidad alrededor de ellas. Otros dibujan tierra levantándose por el aire. Hay quienes prefieren llenar la pista de pequeños detalles para que parezca que el camión acaba de pasar a toda velocidad. Poco a poco, la ilustración deja de parecer estática y comienza a transmitir movimiento.
Los padres suelen apreciar este tipo de actividades porque permiten a los niños concentrarse durante bastante tiempo mientras utilizan su creatividad. No hace falta explicar demasiadas cosas. Basta con imprimir la página, preparar los colores y dejar que las ideas fluyan. Muchas veces lo más interesante ocurre después de empezar. Un dibujo pensado para unos minutos acaba ocupando una tarde entera porque cada nueva idea da lugar a otra todavía más grande.
También es frecuente que la historia continúe incluso cuando el dibujo ya está terminado. Algunos niños explican qué ocurrió después de la carrera. Otros inventan nuevos recorridos para una próxima aventura. Hay quienes crean rivales para Brutus o imaginan campeonatos completos donde cada prueba es más difícil que la anterior. El dibujo funciona como una puerta de entrada a un universo que sigue creciendo mucho más allá del papel.
La personalidad de Brutus ayuda mucho a que eso ocurra. Tiene ese tipo de presencia que invita a imaginar desafíos. Parece estar siempre preparado para afrontar una curva complicada o un salto gigantesco. Incluso cuando está quieto en una ilustración, transmite la sensación de que algo emocionante está a punto de suceder. Esa energía es precisamente la que convierte cada página en una experiencia diferente.
Otra de las ventajas de los dibujos para colorear es que nunca se agotan. Una vez terminada una versión, siempre existe la posibilidad de imprimir otra y empezar de nuevo. Se pueden probar colores distintos. Se pueden inventar escenarios nuevos. Se puede cambiar completamente la historia. El mismo dibujo sirve para cientos de aventuras diferentes porque la creatividad nunca sigue exactamente el mismo camino.
A medida que la hoja se llena de color, Brutus empieza a parecer cada vez más real. La pista cobra vida. Los obstáculos se vuelven más impresionantes. El recorrido parece preparado para una gran exhibición. Cuando llega el momento de observar el resultado final, ya no queda rastro de aquella página vacía que salió de la impresora. Ahora existe una escena completa, una aventura propia y un recuerdo creado con imaginación.
Quizá eso sea lo que hace que Brutus siga siendo tan divertido para colorear. Su aspecto despierta curiosidad. Su historia aporta personalidad. Su presencia invita a inventar nuevos retos. Y cada vez que alguien decide sentarse con una caja de colores delante de una página de Brutus, surge una oportunidad distinta para crear algo que no existía unos minutos antes.
Puede que la próxima aventura empiece en una pista gigantesca. Puede que arranque en medio de una montaña llena de caminos imposibles. Puede que aparezca una rampa tan alta que nadie crea que se puede superar. Si hay un camión capaz de intentarlo, muchos niños estarán de acuerdo en que Brutus es el candidato perfecto para ponerse en marcha y descubrir qué hay al otro lado.

Con solo cinco años, Gustavo transformó un simple deseo de imprimir dibujos en una idea que hoy inspira a niños en más de 150 países.
Así nació Imprimivel.com, un proyecto creado junto a su padre, Jean Bernardo, para llevar color, imaginación y alegría en 10 idiomas, alcanzando a un público potencial de más de 800 millones de niños en todo el mundo.
Actualmente, Gustavo ayuda a seleccionar los contenidos, eligiendo con entusiasmo los temas y personajes que harán sonreír a otros niños, siempre bajo la supervisión de su papá, quien convierte las ideas del pequeño en realidad.
