
La hoja está lista sobre la mesa. Al lado hay una caja llena de lápices de colores, algunos nuevos, otros ya bien usados por tantas aventuras de dibujo. En el centro del papel aparece un pequeño zorro con mirada seria, orejas atentas y una actitud que parece decir que algo divertido está a punto de pasar. Ese pequeño personaje es Finnick, uno de los personajes más curiosos del mundo de Zootrópolis, y ahora espera que alguien tome los colores para darle vida.
A primera vista muchos niños creen que Finnick es un zorro pequeño y adorable, casi como un cachorrito. Pero quienes conocen la historia saben que la sorpresa llega cuando abre la boca. Su voz es profunda y fuerte, algo totalmente inesperado para alguien de su tamaño. Esa mezcla tan graciosa entre apariencia y personalidad hace que los niños recuerden a Finnick con facilidad.
En esta página lista para imprimir, Finnick aparece preparado para una nueva aventura llena de imaginación. Tal vez está esperando a su amigo Nick Wilde para comenzar uno de sus planes ingeniosos. Tal vez acaba de salir de alguna situación divertida en las calles de Zootrópolis. O quizás simplemente está allí, quieto en el papel, esperando que un niño empiece a colorear y decida cómo será su próxima historia.
Cuando un niño empieza a pintar un personaje como Finnick, muchas veces no se queda solo en rellenar espacios con colores. Poco a poco comienzan a surgir ideas. Algunos imaginan que Finnick está caminando por la ciudad buscando el famoso helado gigante que aparece en la historia. Otros piensan que está preparando otra de sus bromas junto a Nick.
Cada color puede cambiar la escena. Si un niño decide usar tonos clásicos, Finnick puede parecer igual al del mundo de Zootrópolis. Pero también puede transformarse completamente. Tal vez lleve una camiseta verde brillante. Tal vez sus gafas oscuras tengan reflejos azules. Tal vez el fondo del dibujo se llene de edificios, calles o incluso un carrito de helados.
Eso es lo divertido de un dibujo para colorear. No hay reglas estrictas. Cada niño puede decidir cómo será su versión del personaje. Un mismo dibujo puede convertirse en muchas historias distintas.
Muchos padres notan que estos momentos de colorear se vuelven parte de la rutina familiar. Primero alguien elige el personaje favorito. Luego llega el momento de imprimir la página. En pocos minutos aparecen los lápices, las ceras, los marcadores y una mesa llena de creatividad.
Mientras el dibujo empieza a tomar color, los niños suelen hablar sobre lo que están haciendo. Algunos comentan qué colores quieren usar. Otros recuerdan escenas de la película. Y a veces hasta imitan la voz grave de Finnick mientras pintan el dibujo.
Finnick tiene ese tipo de personalidad que llama la atención de los niños. Aunque sea pequeño, parece seguro de sí mismo y siempre está metido en situaciones divertidas. Esa actitud hace que colorearlo resulte aún más entretenido.
Muchos recuerdan la escena en la que aparece disfrazado en una heladería, formando parte de uno de los planes de Nick Wilde. Es una de esas situaciones que mezcla humor, sorpresa y picardía. Cuando los niños piensan en ese momento mientras pintan el dibujo, la hoja parece cobrar vida.
Una de las mejores cosas de estos dibujos es que se pueden imprimir todas las veces que uno quiera. Si un niño quiere probar otra combinación de colores, basta con imprimir otra hoja y empezar de nuevo. Cada intento puede verse completamente diferente.
Algunos niños también disfrutan añadir detalles propios. Dibujan edificios alrededor, crean nuevas escenas o incluso agregan otros personajes del mundo de Zootrópolis. De repente el dibujo deja de ser solo un personaje y se convierte en una pequeña historia inventada por ellos.
Durante ese tiempo los niños se concentran, eligen colores con cuidado y ven cómo el personaje empieza a cambiar poco a poco. Las líneas negras del papel se llenan de vida con cada trazo.
Cuando terminan, llega uno de los momentos favoritos. Levantar la hoja y mostrarla con orgullo. Muchos dibujos terminan pegados en la pared del cuarto, en la puerta del refrigerador o guardados junto a otros dibujos especiales.
Y si el niño quiere seguir jugando con la idea, siempre puede volver a imprimir el dibujo y crear otra versión de Finnick. Tal vez esta vez esté listo para una aventura en la ciudad. Tal vez esté celebrando algo con Nick Wilde. O quizás esté simplemente observando todo con su mirada seria mientras espera el próximo plan.
Todo empieza con algo muy sencillo. Una hoja en blanco, un dibujo listo para colorear y muchas ganas de crear algo propio. Con un poco de imaginación, Finnick se convierte en parte de una historia divertida llena de colores, ocurrencias y momentos felices alrededor de la mesa.
Así que prepara tus colores favoritos, imprime la página y deja que Finnick entre en una nueva aventura. Cada trazo, cada color y cada idea pueden transformar este pequeño dibujo en un recuerdo lleno de creatividad y diversión. Porque cuando un personaje tan peculiar aparece en el papel, siempre hay espacio para inventar algo nuevo.

Con solo cinco años, Gustavo transformó un simple deseo de imprimir dibujos en una idea que hoy inspira a niños en más de 150 países.
Así nació Imprimivel.com, un proyecto creado junto a su padre, Jean Bernardo, para llevar color, imaginación y alegría en 10 idiomas, alcanzando a un público potencial de más de 800 millones de niños en todo el mundo.
Actualmente, Gustavo ayuda a seleccionar los contenidos, eligiendo con entusiasmo los temas y personajes que harán sonreír a otros niños, siempre bajo la supervisión de su papá, quien convierte las ideas del pequeño en realidad.
