
La hoja está limpia, los colores están listos y hay esa sensación especial de que algo grande está a punto de pasar. Un niño se sienta frente a la mesa, mira el dibujo y sonríe. No es un camión cualquiera. Tampoco es solo un dinosaurio. Es Mega Wrex Monster Truck, una mezcla loca y poderosa que parece haber salido de un mundo donde los dinosaurios todavía rugen y las carreras nunca se detienen.
Para los niños, Mega Wrex no llega caminando. Llega rugiendo. Tiene dientes enormes, una mirada feroz y ruedas gigantes que parecen patas listas para aplastar cualquier obstáculo. Su cuerpo recuerda a un dinosaurio prehistórico, de esos que aparecen en libros y películas, pero aquí no camina… corre, salta y gira en el aire como si la pista fuera su territorio.
Cuando empieza a colorear, la imaginación toma el control. Algunos niños eligen verde porque los dinosaurios siempre se ven verdes en su cabeza. Otros prefieren marrón o gris para hacerlo más salvaje. Hay quienes se animan a usar rojo, azul o colores brillantes para convertir a Mega Wrex en la estrella más llamativa del estadio. No hay reglas, solo ganas de crear algo propio.
Mientras pintan, los detalles llaman la atención. Los dientes parecen sonreír de forma traviesa. Los ojos dan la impresión de que el camión está vivo. Las ruedas invitan a ser pintadas con fuerza, bien marcadas, porque son el símbolo de su poder. El niño se concentra, vuelve a pasar el color, corrige, mezcla, prueba. El tiempo pasa sin que nadie lo note.
En su mente, la carrera ya comenzó. Mega Wrex acelera, sube por la rampa y vuela. Cuando cae, todo tiembla. El público grita. A veces pierde el equilibrio, pero se levanta rápido y sigue adelante. Esa parte encanta a los niños. Mega Wrex no se rinde. Siempre vuelve con más ganas.
Imprimir este dibujo cambia el ambiente de la casa. La pantalla queda olvidada. La mesa se transforma en una pista llena de polvo imaginario. Los colores se convierten en herramientas mágicas. El niño empieza a narrar la carrera, imita sonidos de motor, inventa reglas y decide quién gana. Es un momento tranquilo, pero lleno de energía creativa.
Mega Wrex Monster Truck puede ser muchas cosas según el día. Un día es el campeón invencible. Otro día pierde y sorprende a todos en la última vuelta. A veces es el más temido del circuito. Otras veces ayuda a los demás camiones a levantarse. Cada vez que se colorea, nace una historia diferente.
Cuando el dibujo está terminado, el orgullo aparece. El niño lo muestra, explica por qué eligió esos colores y cuenta qué pasó durante la carrera. Esa hoja ya no es solo papel. Es una creación, una aventura, algo que salió de su cabeza.
Y lo mejor es que nunca se termina. Al día siguiente se puede imprimir otra vez. Cambiar los colores. Inventar otra personalidad para Mega Wrex. Uno más divertido, otro más feroz, otro lleno de colores locos. Cada impresión es una nueva oportunidad de jugar.
Mientras todo esto sucede, el aprendizaje va de la mano sin darse cuenta. El niño mejora el control de sus manos, aprende a concentrarse, a tomar decisiones y a ser paciente. Pero para él, todo es juego. Y eso es lo más bonito.
Mega Wrex Monster Truck gusta tanto porque une dos cosas que los niños aman. Dinosaurios gigantes y camiones enormes. Un dinosaurio con ruedas suena divertido, fuerte y emocionante. Es una idea que atrapa desde el primer vistazo.
Para los adultos, esta actividad es un respiro. Es simple, tranquila y llena de valor. Solo hay que imprimir el dibujo, dejar los colores a mano y permitir que la imaginación haga su trabajo.
Cuando la última parte queda coloreada, Mega Wrex parece listo para volver a la pista. Su historia no terminó. Solo está esperando otra hoja, otro momento y otra idea para seguir rugiendo, saltando y llenando de emoción el mundo de los niños.

Con solo cinco años, Gustavo transformó un simple deseo de imprimir dibujos en una idea que hoy inspira a niños en más de 150 países.
Así nació Imprimivel.com, un proyecto creado junto a su padre, Jean Bernardo, para llevar color, imaginación y alegría en 10 idiomas, alcanzando a un público potencial de más de 800 millones de niños en todo el mundo.
Actualmente, Gustavo ayuda a seleccionar los contenidos, eligiendo con entusiasmo los temas y personajes que harán sonreír a otros niños, siempre bajo la supervisión de su papá, quien convierte las ideas del pequeño en realidad.
