
Hay días en los que un simple dibujo cambia por completo el humor de un niño. Whiplash Monster Jam suele provocar eso sin esfuerzo. En cuanto la hoja aparece sobre la mesa, algo se activa. No es solo un camión gigante, es una presencia distinta, con carácter propio. Whiplash no parece querer llamar la atención a gritos, pero igual se hace notar. Tiene una energía segura, rápida, como si ya supiera que va a sorprender a todos en la pista.
El primer contacto suele ser silencioso. El niño observa, recorre las líneas con los ojos y empieza a imaginar qué va a pasar. Algunos ya ven una carrera a toda velocidad. Otros piensan en un desafío complicado, lleno de giros y obstáculos. Sin que nadie explique nada, la historia empieza a formarse sola. Eso es parte de la magia de este dibujo.
Cuando llega el momento de colorear, cada niño toma decisiones muy personales. Hay quienes van directo a los colores intensos porque quieren que Whiplash destaque desde lejos. Otros prefieren probar combinaciones nuevas, mezclar tonos y crear algo que nadie más tenga. No existe una versión correcta. Cada elección convierte al camión en algo único, casi como si reflejara el estado de ánimo del pequeño artista.
Mientras pinta y dibuja, el niño no está simplemente rellenando espacios. En su cabeza, Whiplash Monster Jam cobra vida. A veces parece calculador, esperando el instante perfecto para acelerar. En otros momentos se vuelve audaz, lanzándose sin miedo a una maniobra inesperada. Cada color añade emoción a la escena, como si la historia avanzara con cada trazo.
Muchos niños no se detienen solo en el camión. Empiezan a crear el entorno. Aparecen huellas de ruedas, rampas, montículos de tierra, luces y banderas. Algunos dibujan al público animando, otros inventan camiones rivales listos para competir. Así, una hoja sencilla se transforma en un escenario completo, lleno de movimiento y ruido imaginario.
El hecho de poder imprimir el dibujo todas las veces que quieran hace que la experiencia sea aún más divertida. El niño sabe que puede probar, equivocarse y volver a empezar sin problema. Hoy Whiplash puede tener un estilo, mañana otro totalmente distinto. Esa libertad quita presión y anima a experimentar más, a jugar con ideas nuevas y a disfrutar del proceso sin preocuparse por el resultado final.
Los adultos suelen notar un cambio interesante durante esta actividad. El niño se concentra más, se sienta tranquilo y dedica tiempo a los detalles. No porque alguien se lo pida, sino porque realmente está enganchado. Es un tipo de calma activa, donde la mente está ocupada creando. Sin darse cuenta, el niño desarrolla paciencia, atención y seguridad en sí mismo.
Whiplash Monster Jam también transmite un mensaje que llega fácil al mundo infantil. No es un camión que intenta copiar a otros. Destaca por ser diferente, por tener personalidad. En las historias que los niños inventan, Whiplash no necesita parecerse a nadie para ganar. Confía en su estilo y en su forma de enfrentar los retos. Esa idea se cuela en el juego de manera natural y positiva.
Dentro del universo de Monster Jam, cada camión es casi un personaje con identidad propia. Whiplash suele ser visto como el que sorprende, el que no sigue el camino obvio. Esa sensación conecta muy bien con niños a los que les gusta imaginar giros inesperados y finales distintos en sus historias.
Cuando el dibujo está terminado, la reacción suele ser inmediata. El niño mira su trabajo con orgullo. A veces corre a enseñarlo, otras lo coloca en un lugar especial. Muy a menudo surge la misma pregunta. ¿Puedo imprimir otro? Esa frase lo dice todo. Significa que la actividad no fue solo un pasatiempo rápido, sino algo que realmente disfrutó.
Este tipo de dibujo también abre espacio para momentos compartidos. Un adulto puede sentarse cerca, preguntar qué está pasando en la escena o por qué Whiplash tiene esos colores hoy. El niño responde con entusiasmo, inventa detalles, explica su historia. Son conversaciones simples, pero muy valiosas, porque el niño se siente escuchado y validado.
Whiplash Monster Jam para colorear e imprimir no es solo una hoja con líneas. Es una invitación a bajar el ritmo, a entrar en un mundo creado por el propio niño. Cada impresión es una nueva oportunidad para imaginar, para probar ideas distintas y para divertirse sin pantallas ni distracciones.
En el papel, Whiplash es un camión esperando color. En la imaginación del niño, puede ser el más rápido de la pista, el más inteligente o el que nunca se rinde. Esa capacidad de transformarse es lo que hace que este dibujo funcione tan bien. Por eso los niños vuelven a él una y otra vez, no porque sea siempre igual, sino porque cada vez puede contar una historia completamente nueva.

Con solo cinco años, Gustavo transformó un simple deseo de imprimir dibujos en una idea que hoy inspira a niños en más de 150 países.
Así nació Imprimivel.com, un proyecto creado junto a su padre, Jean Bernardo, para llevar color, imaginación y alegría en 10 idiomas, alcanzando a un público potencial de más de 800 millones de niños en todo el mundo.
Actualmente, Gustavo ayuda a seleccionar los contenidos, eligiendo con entusiasmo los temas y personajes que harán sonreír a otros niños, siempre bajo la supervisión de su papá, quien convierte las ideas del pequeño en realidad.
